Escribir bajo presión no es lo mismo que escribir por amor al arte. Después de entregar una tesis de sesenta páginas, el cerebro no puede distinguir la diferencia entre ambas y evidentemente queda sólo en modo operativo.
Nuevas formas de expresión empezaron a surgir en este breve tiempo que la escritura creativa dejó. En año nuevo apareció una cámara fotográfica que hizo las delicias del verano y permitió ampliar el límite de lo conocido. Un taller de ilustración vino en el momento en que más lo necesitaba, y si bien estoy realmente más orgullosa del trapo sucio que de mis trabajos, va por buen camino. La escritura volverá, eventualmente, a brotar por las aguas de viajandoencalesita, más seguro pasado junio, jeje.
De mientras, algunas cositas para deleitar el ojo.
Lo que vino después no fue otra cosa que el offline 2, en este caso ya no por cosas tan gratificanes. Toneladas de trabajo y estudio cayeron sobre mis hombros y me fue imposible liberar mi cabeza para volver a escribir...
Ahora, aprovechando las pausas impuestas por los últimos días de diciembre, me dispongo a relajar un poco y retomar las riendas de lo relegado... el blog!
Cómo jinete en calesita, me propongo limpiar las telas de araña que cuelgan de este blog que supo tener unas chispas de brillo (puro reflejo) en otros tiempos...
Y de paso, deseo y espero éste sea el incio de un nuevo y hermoso año, lleno de creatividad, amor y búsqueda. ¿Por qué búsqueda? Será porque el que busca encuentra... y porque sólo con la búsqueda las cosas que uno desea se van alineando... Entonces –tan desorientada como siempre–, deseo saber buscar, para poder encontrar...
Les saluda en este nuevo año que comienza...
JAPPY NIU IEAR!
G.
pd. quien me quiera regalar un GPS se agradece. Donaciones a viajandoencalesita@gmail.com
pd2. este bello adorno pertenece a la tía Ali. Gracias por un hermoso año nuevo, y espero que el próximo nos encuentre unidos pero no dominados.
No estuve escribiendo mucho, lo reconozco. Es que en esta nueva etapa, podríamos llamar nuevo año, sí o sí tenía que cambiar el modo de ver las cosas, y encarar las cosas. Asi que me dediqué a vivir, viajar, estudiar, charlar, salir, disfrutar, reenamorarme, comer, bicicletear, reordenar, proyectar, aprender, redecorar, repensar, imaginar, soñar, y tantos otros etc.
Ya llegarán nuevos posts.
Les saluda atte.
G.
Mi sistema de calefacción es lo más parecido a tener un tren en casa. Esta caldera del demonio ruge como dragón en celo.
Lo que me recuerda una linda historia*.
Resulta que los primeros parientes de mi bisabuelo en venir a la Argentina, sus tíos, le escribían a la familia en Alepo, Siria, para contarles lo bien que estaban. Mandaban muchas cartas, en las cuales relataban todo. Que habían llegado y estaban muy felices, que habían conseguido trabajo, que incluso se habían comprado un tren. ¡Un tren! ¿Quién sino alguien muy poderoso puede comprarse un tren? Ante la evidencia de que este indudablemente era un país rico y generoso, mi bisabuelo decidió venir a la Argentina con su mujer y su hijito (mi abuelo, que apenas tenía dos años).
Los giros idiomáticos son extraños y engañosos.
Parece que lo que en realidad le quisieron decir era otra cosa, que en árabe era muy parecido*2.
La sorpresa de mi bisabuelo debe haber sido grande cuando se encontró con que más que tren, lo que sus parientes se habían comprado era en realidad una estufa.
De cualquier modo, debe haber tenido calor de hogar suficiente, con once hijos y cualquier cantidad de nietos y bisnietos. Pero esa, es otra historia.
* Los personajes pueden o no coincidir con la historia original. Siempre me olvido algunos detalles pero guardo la estructura, es posible que no sea fiel del todo a la realidad. *2 Lamentablemente no sé árabe para comprobarlo.
Si, tengo otra confesión que hacer.
Me da mucha vergüenza hacerla.
Uno. Dos. Tres.
Soy fan de Toto.
Si, de esa banda americana ochentosa, de baladitas y otras no tanto.
La banda de esos chicos impresentables (como comprobé después cuando apareció youtube) dueños de unos cuantos hits de Aspen como Hold the line, Africa, Rossana, Pamela,99, y de otros tantos nombres de chicas.
Si, soy fan de esa banda que usa algunos recursos medio grasunes de los ochenta.
Pero qué se le va a hacer.
Me gusta.
Junto con ReoSpeedwagon, eran mis favoritos a los dieciséis.
Y si bien con Guille compartimos algunos gustos musicales, yo definitivamente no puedo escuchar a Dragonauta y permitir que me vuelen los sesos, así como a él definitivamente no le gusta escuchar algo que considera con tan poca onda, viejo y retrógrado como mis amigos de Toto.
Cuando vinieron a la Argentina hace como 4 años, en la gira de despedida por su jubilación, decidí que después de tantos años de escucharlos, no podía quedarme afuera de tan importante acontecimiento. Le pregunté a Guille si quería ir y su respuesta fue negativa. "¿Si te invito venís? ¡Necesito alguien que me haga el aguante!". Aceptó a regañadientes. En la calle camino al teatro, me daba vergüenza ajena las remeras, los vendedores ambulantes, todo. No sé por qué: es como si me sintiera mal por ser un poquito grasa.
La cuestión es que el recital fue bastante decepcionante. Para empezar, el líder de la banda, el señor Steve Lukather (creo)vestido como rockero retro, preguntó: "¿Hay algún músico en la sala?" A lo que el auditorio respondió con un 80% de manos levantadas. Lo miro a Guille levantando la mano y casi lo muerdo. Acto seguido, mis ídolos se dedicaron a tocar rock como mejor les sale. Resulta (ahí me enteré) que son unos tremendos animales y músicos del carajo como sesionistas.
Esto quiere decir, que se la pasaron improvisando y haciendo trucos para que lo disfruten aquellos que tienen los oídos bien entrenados.
Cuando miro para el costado, con el solo de batería, lo veo a Guille que sonríe más feliz que perro en cancha de bochas. "¿Te das cuenta? ¡El batero es un animal! Son unos grosos".
Y yo me quería matar al ver que el tiempo pasaba y sólo escuchaba más y más ruido. Y después del solo de batería, vino el solo del bajo, con un tipo que parecía salido de una Harley Davidson, pero de ochenta años. Y después el solo de guitarra, y así.
Nada de baladitas. Por ahí algún hit, y varios temas que no conocía.
El colmo fue cuando apareció en escena el muchacho que canta agudo en Africa, Bobby Kimball debe ser, devenido en un gordito vestido de texano que parecía más borracho que una cuba y lo único que hacía era arruinar los temas desafinando horriblemente. Desee que venga un gancho gigante y lo saque, pero no sucedió.
***
Cuando me fui de viaje en junio, no me llevé mi pequeño ipod. Se lo dejé a Guille para que lo use y disfrute, con la licencia de borrar todo su contenido y usar a su antojo.
Y cuando volví, me sorprendí.
El aparatito había quedado clavado en el playlist de Toto.
No me aguanté. "¿Che, estuviste escuchando a Toto?"
Me miró y me sonrió. "Te extrañé"
Si, me da vergüenza ajena este video. Realmente.
¿Por qué tenía que aparecer youtube? Era más feliz antes.
Blackbird reclamaba musicalizar el post entonces,
aquí está el tema que le da nombre a este texto.
El cover que manda Blackbird. Mucho mejor que ver a Boby Kimball borracho. ¡Gracias!