Y sin embargo acá estoy, de nuevo en Buenos Aires.
¿Qué se puede decir del viaje?
¿Que fue increíble?
¿Que la ciudad es deslumbrante?
¿Que la pasamos genial?
¿Que me compré toda la ropa que pude?
¿Que vaciamos a NY?
¿Acaso es eso posible?
No.
Antes de ir, me habían contado cómo era la ciudad, había visto fotos, había escuchado de la experiencia de amigas... y no hay nada como la experiencia propia. Me decían "los edificios son enormes", y yo pensaba "ahá"; o me contaban que la escala de todo era monumental, y yo decía "ahá", y cuando llegué, insomne del avión, el primer encuentro fue brutal: No hay nada ni siquiera parecido. El perfil de Manhattan es muy extraño. No entiendo como esa islita todavía no se hundió con tanto peso de acero, cemento y vidrios.
He jurado en vano: dije que no me interesaba ir de shopping, me rasgué las vestiduras y le dije a mi madre que comprar era una pérdida de dinero y de tiempo... y me tuve que comer todo lo que dije porque..... me convertí en dragón y me compré todo. Si, todo. Me fui con una valija semi vacia y volví cargada hasta los dientes... Nadie puede creer tal transformación de alguien como yo, mi abuela Tania parece que abrió los ojos enormes, y en general nadie me cree. Que alguien tan moderada con la ropa y el shopping haya descarriado de tal manera es un claro síntoma de que... descubrí una nueva terapia!
Ahora entiendo todo. Salir con bolsas de cosas es una sensación maravillosa. Para que mi madre me pida de ir un día al aire libre... para no gastar tanto... es que... yo estaba endemoniada!
La convivencia con madre fue intensa pero buena. No faltó nada, ni peleas, ni acuerdos, tácitos o explícitos, que demostraron que seis años de independencia se olvida rápido lo que era vivir con tus padres... je. Por suerte, los enojos se pasaban rápido: no hay nada que no se cure con un sandwich de salmón ahumado, un partido de burako, o una obra de Broadway.
Pero no todo es shopping en la vida. También está la cultura. Y morí de amor en todos los museos, especialmente en Neue Galerie con sus bellísimos cuadros y posters de Klimt y Schielle; en el Met con los egipcios, los modernos americanos, los impresionistas; en el Whitney con el arte contemporáneo, en el MoMA, qué puedo decir, se me piantó un lagrimón en el piso destinado al Diseño...
Y así, pululante de felicidad, anduve con madre por las calles del Midtown, por Times Square, por el central Park, por la 5a y la 7a Av, por el upper East con toda su paquetería, por Lexinton Av, por Park Av., por el subte, del que me enamoré con sus señales de mosaicos, por Chinatown, por el puerto, por Brooklyn... Para mi, toda la ciudad transpiraba diseño, no podía parar de sacar fotos, querer registrar todo lo que veía, no se, todo parecía increíble. La cantidad de gente distinta que podías encontrar en cada esquina era impresionante, la mixtura de edificios totalmente diferentes, la escala espeluznante de los rascacielos, todo, todo era maravilloso y único.
... y yo pensaba, los últimos días, "no quiero volver!". Y parece que Él escuchó mis plegarias: se cerró Ezeiza. Así que la vuelta fue lo suficientemente estresante como para que desees volver a tu casita. Pero eso, amerita otro post....
Pero no quedó otra. El limbo de felicidad me duró unos cuantos días. Despertarme a la noche y no entender nada, ni dónde estoy (no reconocía la mesita de luz, ni los despertadores, ni el cuarto, ni con quiénestaba (lo miraba a Guille y juro que pensaba "hay un hombre en mi cama!").
El limbo desapareció después de la semana pasada, con dos entregas de la facu seguidas, y una buena dosis de laburo, el aura curadora de Nueva York se esfumó. Quedan las evidencias materiales (ropa) y los registros electrónicos (fotinis) como prueba de que no lo soñé, lo viví.
(Le puedo dejar un mensaje a mi madre?)
¡Gracias má! ¡Te quiero mucho y sos una dulce de leche! gracias por tan hermoso regalo :D
Lo recordaré siempre. Te amo mucho, aunque te pelee a veces. (jeje)
beso!
lunes, 27 de junio de 2011
jueves, 2 de junio de 2011
A little break
Viajando en calesita se toma un pequeño receso y se va de parranda a
un país del norte, de esos donde hay muchos perros calientes.
La acompañante y generadora de la iniciativa es la madre de la
sortijera, a quien deseamos que El Supremo otorgue paciencia y
sabiduría infinita.
De lo que pueden estar seguros es de que esta vuelta viajare en avión
y no en calesita, y de que volveré llena de cosas que bloguear.
Deseenme suerte!
Nos estamos leyendo! Como dicen ellos?
Best regards?
See you soon!
Kisses
G.
un país del norte, de esos donde hay muchos perros calientes.
La acompañante y generadora de la iniciativa es la madre de la
sortijera, a quien deseamos que El Supremo otorgue paciencia y
sabiduría infinita.
De lo que pueden estar seguros es de que esta vuelta viajare en avión
y no en calesita, y de que volveré llena de cosas que bloguear.
Deseenme suerte!
Nos estamos leyendo! Como dicen ellos?
Best regards?
See you soon!
Kisses
G.
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Enviado desde mi dispositivo móvil
domingo, 22 de mayo de 2011
sábado, 21 de mayo de 2011
Mi monstruo personal
A algunas chicas les tocan diamantes, a otras flores. A mi, Gaboto.
¿Qué puede ser más maravilloso que te obsequien una obra de arte?
¿Qué puede ser más maravilloso que te obsequien una obra de arte?
Gaboto viene a ser como mi monstruo personal (no se si lo notaron, se llama bastante parecido a mi).
Una creería que después de varios años de conflictos, impaciencia, peleas de contestador y críticas destructivas le tocarían diamantes y viajes maravillosos. Pero no, a mi me toca mi Gaboto.
Gaboto viene a ser un monstruo medio Godzillezco, mezcla de Gremlin con Gremlin malo, dientes de cocodrilo y pelo de lobo. Lo mejor son esos ojos de serpiente, y el hecho de que en realidad no tiene piernas (pero qué brazos). Nótese el balance entre la tipografía (medio oriental) y el gesto como de discurso político. Tiene pasta para la oratoria, ya lo digo. Creo que tiene un dedo medio acusador, como te dije que había que sacar la basura, otra vez te olvidaste de lavar ropa, o simplemente ayer te tocaba lavar los platos, que lo vengo haciendo desde que te hacés el sota.
Por supuesto, Gaboto es un tipo muy hábil, siempre exige lo que no tiene ganas de hacer él mismo, y le encanta recriminar que el otro no hizo sus deberes. Inteligente. Astuto.
Lo mejor de Gaboto, es que ahora puedo ponerlo por fuera de mi. Es una entidad aparte. Entonces, si alguna vez de mi dulce boca sale un mínimo tono fuera de lugar, puedo decir que fue Gaboto, no yo. Conveniente. Maquiavélico.
¡Gracias amore*! ¡Me encanta! Y lo más importante: ¡yo también te amo!
* lo de amore lo usamos desde siempre. Por varias razones que no merecen la pena ser ampliadas en este punto. Lo que si quiero aclarar es que viene de mucho antes de que banco galicia me venga a arruinar el apodo que usamos mutuamente. Fue como una desgracia.
Por otra parte, estoy evadiendo lo que realmente debería estar haciendo, claro, que es un TP para la facu. Obviamente esto es mucho más divertido.
No quiero dejar de mencionar que un día como hoy está cumpliendo 96 años mi abuelo Yaco, así que aprovecho para mandarle un beso gigantesco, que por suerte se lo podré dar en persona también.
martes, 17 de mayo de 2011
Texturaland
Cuánta textura puede una llevar a cuestas sin ser un cambalache?
Con que el criterio esté unificado en blanco y negro es suficiente?
¿No? Bueno, así suelo salir a la calle. Y me la banco.
lunes, 16 de mayo de 2011
Tarde pero seguro
Tarde pero seguro acá les dejo los dos ganadores del concurso "Tenga su picto personalizado".
Los pictos y la vuelta en la calesita de Villa Adelina van para el Griego y Blackbird.
Que lo disfruten!

jueves, 12 de mayo de 2011
Y pensar que éramos el mañana del mundo...
Me sentí muy identificada con esta publicidad.
Se ve que alguien hizo bien su trabajo, jeje
miércoles, 11 de mayo de 2011
Oh.. really?
El otro día aparecieron por mi barrio y aledaños estos bonitos carteles que indican que el señor Castrilli se lanza como candidato por la jefatura del gobierno de la ciudad. Lo primero que pensé fue...
...es una joda? o es real?
Acto seguido traté de imaginarme su gestión. Todo lo que podía proyectar era al mismo Castrilli corriendo en shortcitos negros con el silbato en la boca pitando a lo loco y la mano con la tarjeta roja flameando cual estandarte de guerra. Lo imaginé corriendo a los infractores de tránsito, a los ladrones, pungas y trapitos, corriendo a los corruptos. O corriendome a mí si era necesario.
Lo mejor es que cuando apareció la campaña completa, incluía la misma tarjeta roja y al lado las palabras paco, coima, bancos, piquetes...
Entonces es cierto! va a correr a todos con la tarjeta roja en la mano!
martes, 10 de mayo de 2011
Señora Heladera
Todo comenzó hace unos meses. decidí que era hora de abandonarla. Que ya no me hacía feliz. Que no me merecía. Decidí dejar de sufrir por mi maldita heladera. Así es. Decidí que era momento de un cambio.
¿Por qué no tener una heladera decente, eh? No esta desfachatada, loca, psicótica que me había tocado en suerte cuando me mude sola, hace seis años. Nueva, blanquísima, y tremendamente descarada, la muy impertinente decidió romperse al día siguiente de que se termine la garantía. Desde ese momento, nuestra relación se volvió de amor-odio. Bueno, sólo de odio.
Todos los años una ñaña nueva, se quedaba sin gas, se rompía el termostato, se volvía a quedar sin gas, hacía hielo por todos lados. Si, por todos lados, por afuera (atrás) también*. No había cosa que me diera más furia que desayunar con queso crema en mal estado.
él: Amor, ese queso está malo- me decía Guille, cuando ya había masticando la mitad de la tostada.
yo: No, no está malo- decía yo tratando de salvar mi orgullo sin dejar de masticar.
él: Fijate de nuevo, no sentís el olor a rancio? – Huelo y tiene razón, lo que es terrible.
yo: Qué se yo, no entiendo nada de estas cosas*2– decía, como quien no quiere la cosa.
Me di cuenta de que la heladera empezaba a monopolizar mis conversaciones. Cada vez que me topaba por el pasillo con una compañera del trabajo, siempre me preguntaba ¿Cómo está tu heladera?
Basta. Ni que fuera un ser humano con tantas afecciones, che. De hecho, hasta provocó un llamado a la solidaridad.
La culpa ecológica me tormentaba, pero realmente, a la séptima vez que la heladera decidió dejarme en banda y que tuve que salir corriendo con todos mis pertrechos a la heladera más cercana (gracias Tatula) me juré que esto no iba a pasar más.
Luego del arreglo en cuestión, la puse en máximo. Basta de queso rancio. Transcurrió así casi un año, y con la llegada del verano se empezó a notar que su potencia estaba en franca decadencia. Ah, no querés enfriar en 4. Mirá cómo te pongo en máximo, turra. ¡Reventá!
Y bueno, enfriar enfrió, y también hizo un Perito Moreno adentro... y afuera. Si me hubieran filmado tratando de sacar los icebergs del interior me ganaba el Oscar a mejor comedia pelotuda. Lo intenté todo: secador de pelo, rociador con agua caliente. Hasta le canté un tema de The Mammas & The Papas. Nada. Hasta que un compañero de Guille que estaba trabajando en casa se apiadó, soltó la intravenosa del mouse, y en un par de espatulazos barrió con los hielos casi-eternos.
Entonces, vino la revelación en marzo. Composición-tema: Heladera. Título: Quiero sacarme de encima a ese problema. Ahora. Ya. Y con la revelación vinieron las averiguaciones. Ah, si viene una heladera nueva, entonces más vale que sea Buena. Si. Buena, con mayúsculas. Que no haga escarcha, una No-Frost mínimo!
Fuimos, convencidísimos, a un supermercado. Estábamos dispuestos a ir por las 24 cuotas. Y una Heladera se nos apareció como la mejor elección posible dentro de nuestras circunstancias. Hicimos cálculos diversos contando todo: las cuotas, la garantía extendida, etc.
Ahí mismo me puse sentimental, y me nacieron los votos matrimoniales que nunca juré. Lo miré a Guille y le solté:
– ¿Jurás amarme y respetarme como mínimo por las siguientes 24 cuotas que dure el pago de la heladera?
Y bueno, cuando Guille accedió, nos enteramos de que no tenían ese modelo. Pero por suerte, sí la tenían en otra empresa. Con venta telefónica, envío y cuotas. Y así fue. Cuando por fin llegó, superados los obstáculos que nos separaban de nuestro destino, –como los dos pisos por escalera sin el embalaje de protección–, puedo decir que, sin lugar a dudas, fue amor. Altísima, imponente, flaca, blanquísima, moderna, eficiente. Qué más puedo decir?*3 ¡Y enfría muy bien!
Tengo que confesar que, todavía, cada vez que paso por la cocina me siento tentada a abrirla, sólo por el placer de usar la puerta. Y que cuando nadie me mira, le pego un abrazo de oso*4.
Y finalmente cuando me encontré con mi compañera y me preguntó ¿Cómo está la Señora Heladera? pude decirle... La cambié! Feliz! Ahhh, pero no, no me digas más Señora Heladera... suena mejor Señora Whirlpool.
---.---.---.---.----.---------.----.----.-----.-----.-----.-----.-----.-----.------------------------------.------.---
* Tengo una foto del poltergeist que tenía por detrás, lo juro, se ve una silueta, con no mucho esfuerzo.
*2 Guille se olvida de que en mi casa la comida vencida estaba a la orden del día. Nunca distinguí la leche que dejaba de estar del todo bien. Si total le tiraba 3 cucharadas de nesquik (en vaso) y listo.
*3 Que no hay ninguna de nosotras con esas características, claro.
*4 Mentira. Ya no me importa que Guille sepa que lo nuestro es amor.
¿Por qué no tener una heladera decente, eh? No esta desfachatada, loca, psicótica que me había tocado en suerte cuando me mude sola, hace seis años. Nueva, blanquísima, y tremendamente descarada, la muy impertinente decidió romperse al día siguiente de que se termine la garantía. Desde ese momento, nuestra relación se volvió de amor-odio. Bueno, sólo de odio.
Todos los años una ñaña nueva, se quedaba sin gas, se rompía el termostato, se volvía a quedar sin gas, hacía hielo por todos lados. Si, por todos lados, por afuera (atrás) también*. No había cosa que me diera más furia que desayunar con queso crema en mal estado.
él: Amor, ese queso está malo- me decía Guille, cuando ya había masticando la mitad de la tostada.
yo: No, no está malo- decía yo tratando de salvar mi orgullo sin dejar de masticar.
él: Fijate de nuevo, no sentís el olor a rancio? – Huelo y tiene razón, lo que es terrible.
yo: Qué se yo, no entiendo nada de estas cosas*2– decía, como quien no quiere la cosa.
Me di cuenta de que la heladera empezaba a monopolizar mis conversaciones. Cada vez que me topaba por el pasillo con una compañera del trabajo, siempre me preguntaba ¿Cómo está tu heladera?
Basta. Ni que fuera un ser humano con tantas afecciones, che. De hecho, hasta provocó un llamado a la solidaridad.
La culpa ecológica me tormentaba, pero realmente, a la séptima vez que la heladera decidió dejarme en banda y que tuve que salir corriendo con todos mis pertrechos a la heladera más cercana (gracias Tatula) me juré que esto no iba a pasar más.
Luego del arreglo en cuestión, la puse en máximo. Basta de queso rancio. Transcurrió así casi un año, y con la llegada del verano se empezó a notar que su potencia estaba en franca decadencia. Ah, no querés enfriar en 4. Mirá cómo te pongo en máximo, turra. ¡Reventá!
Y bueno, enfriar enfrió, y también hizo un Perito Moreno adentro... y afuera. Si me hubieran filmado tratando de sacar los icebergs del interior me ganaba el Oscar a mejor comedia pelotuda. Lo intenté todo: secador de pelo, rociador con agua caliente. Hasta le canté un tema de The Mammas & The Papas. Nada. Hasta que un compañero de Guille que estaba trabajando en casa se apiadó, soltó la intravenosa del mouse, y en un par de espatulazos barrió con los hielos casi-eternos.
Entonces, vino la revelación en marzo. Composición-tema: Heladera. Título: Quiero sacarme de encima a ese problema. Ahora. Ya. Y con la revelación vinieron las averiguaciones. Ah, si viene una heladera nueva, entonces más vale que sea Buena. Si. Buena, con mayúsculas. Que no haga escarcha, una No-Frost mínimo!
Fuimos, convencidísimos, a un supermercado. Estábamos dispuestos a ir por las 24 cuotas. Y una Heladera se nos apareció como la mejor elección posible dentro de nuestras circunstancias. Hicimos cálculos diversos contando todo: las cuotas, la garantía extendida, etc.
Ahí mismo me puse sentimental, y me nacieron los votos matrimoniales que nunca juré. Lo miré a Guille y le solté:
– ¿Jurás amarme y respetarme como mínimo por las siguientes 24 cuotas que dure el pago de la heladera?
Y bueno, cuando Guille accedió, nos enteramos de que no tenían ese modelo. Pero por suerte, sí la tenían en otra empresa. Con venta telefónica, envío y cuotas. Y así fue. Cuando por fin llegó, superados los obstáculos que nos separaban de nuestro destino, –como los dos pisos por escalera sin el embalaje de protección–, puedo decir que, sin lugar a dudas, fue amor. Altísima, imponente, flaca, blanquísima, moderna, eficiente. Qué más puedo decir?*3 ¡Y enfría muy bien!
Tengo que confesar que, todavía, cada vez que paso por la cocina me siento tentada a abrirla, sólo por el placer de usar la puerta. Y que cuando nadie me mira, le pego un abrazo de oso*4.
Y finalmente cuando me encontré con mi compañera y me preguntó ¿Cómo está la Señora Heladera? pude decirle... La cambié! Feliz! Ahhh, pero no, no me digas más Señora Heladera... suena mejor Señora Whirlpool.
---.---.---.---.----.---------.----.----.-----.-----.-----.-----.-----.-----.------------------------------.------.---
* Tengo una foto del poltergeist que tenía por detrás, lo juro, se ve una silueta, con no mucho esfuerzo.
*2 Guille se olvida de que en mi casa la comida vencida estaba a la orden del día. Nunca distinguí la leche que dejaba de estar del todo bien. Si total le tiraba 3 cucharadas de nesquik (en vaso) y listo.
*3 Que no hay ninguna de nosotras con esas características, claro.
*4 Mentira. Ya no me importa que Guille sepa que lo nuestro es amor.
sábado, 7 de mayo de 2011
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